abril 24, 2015

Seducción




A pesar de la distancia que les separaban, se puso como objetivo seducirle aunque  sabía que no sería fácil.   Por su temple, su indiferencia a las adulaciones que hacían las féminas que se acercaban a ver su obra, y otras razones que ponía de manifiesto en su comportamiento, se podía saber que era especial, diferente a lo que conocía.
El hombre al que pretendía seducir era reservado, escribía al amor de forma tan sentimental y romántica,  que no dejaba indiferente a nadie.
A pesar de no haberle visto más que en fotografías, desde su primer encuentro virtual, le atrajo de manera inusitada; jamás pensó que se podría enamorar,  ni entraba en sus planes, ni creía en el flechazo, menos, si se producía en  la distancia, desde la pantalla fría de un ordenador, pero ocurrió, y sin saber cómo, ni de quién fue la iniciativa, una tarde que coincidieron en una tertulia literaria quedaron para hablar.
Tenía todo pensado. Quería seducirle, jugar a enamorarle como una adolescente, pero no imaginaba que esa decisión cambiaría su vida.
Para la ocasión, eligió un traje muy  sexy y sus tacones rojos de aguja  que no había usado desde su graduación. Se perfumó delicadamente poniendo sólo  unas gotas en  cuello y escote, por norma, no quería que se apreciara demasiado, sólo en la distancia corta, lo que  denotaba su exquisitez y  elegancia. En definitiva; se engalanó como si la cita fuese  en la misma ciudad, como si fuesen  a verse personalmente. 
Habían quedado a las doce de la noche y ambos acudieron puntuales.
Encendió una vela, la única luz que alumbraría su escritorio y, en penumbra, comenzó a escribir con timidez. Él con  temple y delicadeza  le animó a contarle lo que quisiera, pocas preguntas le hizo con el fin de  hacerla sentir  a gusto, sin presión alguna;  sabía que no era una embaucadora, sino más bien tímida  y respetuosa.
Pasados unos minutos y cuando ambos   se habían relajado,   iniciaron  una conversación agradable. Hablaron de sus vidas,  sus  proyectos, y sin dobleces, de sus sentimientos, haciendo de ese encuentro virtual  una bonita y romántica velada donde no faltó MÚSICA  elegida premeditadamente para crear un ambiente pasional. No podía disimular su gozo, se sentía tan feliz  descubriendo  sensaciones que jamás había percibido. No podía creer lo que estaba pasando. El teclado ya no era visible, ante sus ojos estaba el hombre que siempre había soñado inundando de luz toda la estancia que ella había dejado en penumbra horas antes. 
Era tan surrealista todo. Siempre pensó  que estas cosas sólo ocurrían en las películas de ficción.  ¿Estaría soñando? ¡No podía ser real!. Se estaba excitando  al sentir  las delicadas manos del artista deslizarse por todo su cuerpo consiguiendo que su espíritu, ávido de amor, extendiera sus alas y valora  a su lecho. Cerró los ojos y se desnudó de manera sensual. Ya no había duda; estaba a su lado, notaba  los dos corazones latiendo  acerados, produciendo una tormenta de pasión.
Ya no  habría distancia que  parara  este baile de placer. 

Macu.