A pesar de la distancia que les separaban, se puso
como objetivo seducirle aunque sabía que no sería fácil. Por su temple, su indiferencia a las
adulaciones que hacían las féminas que se acercaban a ver su obra, y otras
razones que ponía de manifiesto en su comportamiento, se podía saber que era especial,
diferente a lo que conocía.
El hombre al que pretendía seducir era reservado, escribía al amor de forma tan sentimental
y romántica, que no dejaba indiferente a
nadie.
A pesar de no haberle visto más que en
fotografías, desde su primer encuentro virtual, le atrajo de manera inusitada;
jamás pensó que se podría enamorar, ni
entraba en sus planes, ni creía en el flechazo, menos, si se producía en la
distancia, desde la pantalla fría de un ordenador, pero ocurrió, y sin saber
cómo, ni de quién fue la iniciativa, una tarde que coincidieron en una tertulia
literaria quedaron para hablar.
Tenía todo
pensado. Quería seducirle, jugar a enamorarle como una adolescente, pero no imaginaba que esa decisión
cambiaría su vida.
Para la ocasión, eligió un
traje muy sexy y sus tacones rojos de aguja que no había usado desde su graduación. Se
perfumó delicadamente poniendo sólo unas
gotas en cuello y escote, por norma, no quería que se apreciara demasiado, sólo en la distancia corta, lo que denotaba su exquisitez y elegancia. En definitiva; se engalanó como si la cita fuese en la misma ciudad, como si fuesen a verse personalmente.
Habían quedado a las doce de la noche y ambos acudieron puntuales.
Encendió
una vela, la única luz que alumbraría su escritorio y, en penumbra, comenzó a
escribir con timidez. Él con temple y
delicadeza le animó a contarle lo que
quisiera, pocas preguntas le hizo con el fin de hacerla sentir a gusto, sin presión alguna; sabía que no era una embaucadora, sino más
bien tímida y respetuosa.
Pasados unos minutos y cuando ambos se habían relajado, iniciaron
una conversación agradable. Hablaron de
sus vidas, sus proyectos, y sin dobleces, de sus sentimientos,
haciendo de ese encuentro virtual una
bonita y romántica velada donde no faltó MÚSICA elegida premeditadamente
para crear un ambiente pasional. No podía disimular su gozo, se sentía tan
feliz descubriendo sensaciones que jamás había percibido. No
podía creer lo que estaba pasando. El teclado ya no era visible, ante sus ojos estaba el hombre que siempre había soñado inundando de luz toda la estancia
que ella había dejado en penumbra horas antes.
Era tan surrealista todo.
Siempre pensó que estas cosas sólo ocurrían en las películas
de ficción. ¿Estaría soñando? ¡No podía ser
real!. Se estaba excitando al sentir las delicadas manos del artista deslizarse por
todo su cuerpo consiguiendo que su espíritu, ávido de amor, extendiera sus alas
y valora a su lecho. Cerró los ojos y se
desnudó de manera sensual. Ya no había duda; estaba a su lado, notaba los dos corazones latiendo acerados, produciendo una tormenta de pasión.
Ya no
habría distancia que parara este baile de placer.
Macu.
