Dicen que los caminos de tierra al pisarlos, tiene un efecto sanador.
Conecto
con la naturaleza cada semana que puedo y el tiempo lo permite, para desprenderme de la tensión que genera estar seis horas entre tubos de ensayo, donde la enfermedad mora sin punto final.
Ir
con los amigo/as, reír, conocer gente nueva, "de mente sana", respirar aire puro y pisar la
tierra me fascina; la conexión con la madre naturaleza, con la tierra, me hace sentir libre como el
viento, como una mariposa recién salida
de su envoltura.
¿Por
qué produce tanto placer sentir la tierra en los pies?.
Existe un instinto
ancestral detrás de este deseo.
En
tiempos remotos los hombres pasaban más tiempo descalzos, y muchas actividades
cotidianas se hacían de esta forma. Quizás la concepción cosmológica de que
pertenecemos a la tierra, en lugar de “la tierra me pertenece”, permitía que
existiera una conciencia más avanzada sobre las profundas ramificaciones de la
conexión física y espiritual que tenemos con nuestro planeta, y por extensión,
con el Universo. Lo cierto es que plantar nuestros pies sobre la tierra, la
hierba, la arena, el agua y las piedras, era percibido como una forma de estar
conectados con el Todo.
Hoy
sabemos que ese conocimiento tiene una significación mucho más importante de lo
que se pensaba. Seguir leyendo aquí
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