Cuánto me gustaría tener el poder de Dios para decirte: Levántate y anda. Pero no lo tengo, y por ese motivo sólo puedo tenderte mi mano y rezar.
Qué injusta es a veces la vida. Cuando te faltaba sólo subir el último escalón para llegar a la meta que te propusiste y tanto esfuerzo has empleado para ello, llega él, y de un zarpazo te lanza al vacío. Pero no te preocupes. Esto pasará y tus sueños verás cumplidos, pequeña. El amor a tu hija te dará la fuerza necesaria para superar este trance. Sabes que puedes contar conmigo, aquí estaré, siempre tendré mis manos extendidas para ayudarte a levantarte cuando esos momentos de desconsuelo te debiliten.

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